jueves, 25 de octubre de 2018

Realidad, verdad y Lain

La realidad es todo aquello que existe, la verdad es cuanto percibimos, mientras que la ficción es la creación de quien intenta poner la realidad en el terreno de lo sensible. En otras palabras, Lain es una obra de ficción. Bastante obvio, ¿no?

Pero la ficción no es verdadera, y por supuesto, no es más que la abstracción de una hipótesis de lo que podría ser la realidad, pero por inútil que pueda parecer la ficción al ponerla de ese modo, también resulta indispensable para que el ser humano encuentre su lugar en el vasto universo del que la humanidad es apenas una partícula de polvo… Es una hormiga adentrándose al mundo de la conciencia humana mediante sus pobres y limitados medios, es un espacio de consuelo para nuestra inmensurable carencia de saber, es nuestro intento de postrarnos en un punto de entendimiento mutuo (la verdad) y hablar de lo que nos supera (la realidad) en términos que podamos transmitir a nuestros congéneres de una manera atractiva para ellos (la ficción).

Hemos escuchado tantas veces que la ficción no mueve el mundo, que el arte sólo es el pasatiempo de quien no encontró algo más útil que hacer, o que quienes dedican su vida a apreciar el arte son incluso un estrato inferior al de la ficción. Consumidores de ficción —Otakus, por usar un término más accesible—… ¿Qué clase de existencia es aquella que Lain nos quiso plantear? La existencia de un observador silencioso, que renuncia a cualquier papel de importancia que pudiera jugar en el “mundo real”, allá afuera de los bits, donde la gente hace cosas que moldean el mundo poco a poco.

Un espejo hecho a medida de nuestros tiempos, donde creemos observar la auténtica naturaleza de nuestra vida, nos sumergimos en sus aguas para encontrarnos a nosotros mismos, pero perdemos el camino y nos disolvemos con el agua, nos volvemos uno con la ficción, nos mezclamos con el mundo de la ficción, perdemos la carne y comenzamos el proceso nuevamente. Ahora, la verdad será la realidad inaccesible que intentamos descifrar desde nuestro prado virtual, la verdad es una pantalla de baja resolución y un internet de baja velocidad, y la ficción son estas palabras, Lain es cada pixel en esta pantalla, cada fotón que se alinea para formar figuras con significado aparente.

Así pues, ¿Qué intentamos descifrar el día de hoy? ¿A qué “realidad” pretendemos acceder desde el universo a dos dimensiones en que nos desenvolvemos?

Un sentimiento, una experiencia, una sensación, una idea, todo mezclado, un instante basta para olvidarlo, la memoria en la red es efímera, la almacenamos mientras la usamos para dejarla a un lado apenas cumplió su propósito, a sabiendas de que podremos volver a ella cada vez que haga falta… al igual que tú. “¿Quién eres y dónde estás? Ahora mismo no me importa porque estoy escribiendo esto, estoy leyendo esto, pero cuando quiera saberlo, lo sabré. Basta que escriba tu nombre en el buscador y si no lo recuerdo, preguntaré por él en alguna parte, si aun así no lo encuentro, perderé el interés al poco tiempo y comenzaré una nueva búsqueda. No hay prisa ni mayor urgencia por llegar a ningún lado, porque aquí en la red aprendimos a desprendernos de nuestro ser, a ignorar nuestra materia física a manera de preparación —quizá— para el día de nuestra despedida…” O algo así.

Esa fue la invitación de la pequeña Lain (o de Chisa-chan, para el caso), “Dios está aquí”, y por una u otra razón lo creímos cierto, “Dios Dios, Chinkuruhoi”, repetimos, pero Dios no llegó, el entendimiento seguía lejos y no parecía aproximarse, fuimos tras de él allá donde nos dijeron sólo para extraviarnos en la senda interminable de las preguntas sin respuesta, un resultado más que esperado para quien tuviera experiencia o conocimiento previo de la materia, pero nosotros éramos jóvenes e idiotas, ¿cómo esperaban que supiéramos lo que nos esperaba allá abajo si ni siquiera teníamos conciencia de la dirección en que caminábamos?

Construimos una linda casa (un blog, un canal de youtube, una cuenta de twitter…) y la amueblamos como mejor pudimos, nos sentamos e invitamos a todo mundo: “Miren lo que hemos levantado aquí, este espacio es para todos ustedes, para todos nosotros, ¡Platiquemos, seamos amigos, hagámonos compañía y ayudémonos a descubrir el mundo!”… Alguien vino y saludó, alguien se quedó a dormir una noche y con suerte intercambiamos ideas con un tercer invitado, pero se acabó la botana (el contenido), ya no había dinero (motivación) para ir a comprar nada más, así que quien vino sólo llegó porque se le hizo tarde (aunque no había un horario siquiera), y tuvo que conformarse con la mínima hospitalidad de un sillón empolvado. ¡Bienvenido…!

Aquella es nuestra verdad el día de hoy, aquella que en el pasado sólo servía como proyección abstracta de la inmensa realidad, pero hoy sirve de refugio a los débiles e indecisos que no logran hallar un sitio en un mundo real (la verdad) que se nos muestra amenazante, peligroso, asfixiante, insoportable…

Por supuesto, el mundillo en la pantalla carece de texturas, olores y sabores, pero nunca estuvimos acostumbrados al tacto, la nariz siempre constipada y los sabores repetitivos de la dieta clase(apenas)media no se echarán de menos cuando las imágenes y los sonidos son tan abundantes. Una película, un anime, un video musical es todo lo que hace falta para experimentar el placer de la existencia. Ponle todo el photoshop y el autotune que creas preciso, lo aceptaremos, para eso fuimos educados (por la wikipedia), nos preparamos día tras día frente al monitor que cada vez parece afectar más y más a nuestra vista. No importa, los audífonos funcionan de maravilla y el soundtrack de Made in Abyss puede reventarnos los tímpanos si así quiere, lo aceptaremos de buena gana…

¿Qué canción sigue? Перкалаба - Коровка. Ve tú a saber cómo se pronuncia eso. Basta decir que siempre he pensado que esa canción es perfecta para ir caminando por la calle a media noche, con los audífonos que cubren la oreja por completo, absorto en el sonido del bajo y la trompeta, cuando repentinamente llega alguien por la espalda y te clava un cuchillo, el sonido se deforma, el cerebro hace lo que puede por entender la situación y el cuerpo reacciona como cree apropiado para defenderse de la amenaza, pero aquél es el cuerpo de un debilucho, defenderse no es una opción, y menos aún cuando el atacante extrae el arma punzocortante del costado de su víctima sólo para repetir la puñalada dolorosa una vez más, y otra y otra y otra. La música sigue sonando, indiferente de la situación en que nos encontramos, fuerte y clara, gritando en un idioma extraño, avanzando lentamente hacia su final del mismo modo que nosotros decimos adiós a nuestra sangre, a nuestra fuerza, a nuestra conciencia, a nuestro último aliento, sin haber llegado a comprender absolutamente nada de lo que recién ha sucedido. ¿Por qué nos atacaron en primer lugar? Nunca lo sabremos… pues la canción ya terminó.

Y así podríamos seguir todo el día con cada sensación que perseguimos frente a la pantalla y mediante los recursos que nos provee la internet. Otra canción, otra serie de televisión, o la fotografía de aquella persona tan atractiva que decora el fondo de pantalla (de aquí a que alguien más sube una nueva imagen espectacular)… Es un rostro fascinante… ¿Cuándo fue la última vez que le vi en persona? Diría que en 2009, julio o agosto, tal vez… Seguramente le cambió la voz, ha ganado peso y ya no tenemos de qué hablar… Sería una situación incómoda dirigirle la palabra tras casi una década… aunque estando frente al monitor eso no debería de ser un problema… pero lo es, y esa es precisamente la clase de preguntas que tratamos de resolver, esa es la clase de misterios que ocupan nuestra mente y se llevan nuestro tiempo… ¿Por qué resulta tan difícil? “¡Es que ni siquiera lo intentas! Es lo más fácil del mundo, pero le has puesto tantas piedras al camino que ahora crees que es imposible, pero si das un paso verás que no hay nada que te frene…” Etcétera.

Era tan complicado seguir viviendo, que abandonamos la misión real para inventarnos una nueva… ¡La que sea está bien!, siempre y cuando sea sencilla… Sentarse a escribir durante algunas horas, aunque se cuente con los dedos a quien leerá estas palabras… Pero de esto no se vive, aunque de no hacerlo, ciertamente sería más duro levantarse, aunque la comida no nos llega a cada golpe de teclado y el dinero no llueve a ritmo de likes invisibles y comentarios esporádicos…

Era tan complicado seguir viviendo, pero más difícil era abandonar. ¡qué valor y resolución hace falta para hacerlo todo a un lado!, ¡que locura fascinante experimentan quienes se pierden en el torbellino de la desesperación y se hunden en el océano de la depresión!… ¿Acaso ya estamos en ese rumbo sin saberlo? ¡Qué hermoso sueño era aquél en que fallecíamos y nuestro fantasma recorría libremente un mundo sin recuerdos, lejos de todo pasado y sin aspirar a algún futuro! ¿O acaso fue una pesadilla? Se le tiene tanto afecto a dichas experiencias que te asfixian sin dolor y torturan sin suplicio… Sensaciones artificiales para entender la “realidad” a nuestro modo… Historias de terror, creepypastas, black metal…

No obstante, ya se escuchan claramente las palabras de otro habitante de la red, proclamando que este pequeño discurso es un sinsentido, autotortura, jactarse de algún pesar imaginario, rendirse a una batalla que no ha ni comenzado, resignarse a un fracaso sin haberlo intentado, vanagloriarse del dolor y hacer de cuenta que por hablar de cierto modo ganará valor esta expresión estúpida que sólo entenderán los imbéciles más alejados de la realidad, alienados en sus “dibujos chinos” y cantantes pop que dan grima… “¡Ya salgan de su maldita zona de confort, rompan el cascarón y vuelvan al mundo real!, ¿acaso no entienden que lo digo por su bien? Si se quedan allí, sólo acabarán peor de lo que ya están”… ¡Pues bien!, muero de ansias por saber a dónde nos llevará este estilo de vida (aparte de la inminente muerte, claro está). ¿Quieren hacer sus apuestas? El que más se acerque ganará un flamante [nada], mientras que para el segundo y tercer lugar habrá [nada] de última generación. Mención honorífica para las apuestas más graciosas.

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